¿Sabes decir ‘lo siento’?

23 septiembre, 2014

Actualidad

¿Sabes decir ‘lo siento’?


Disculparse mitiga la ira y el dolor de la ofensa, pero para poder hacerlo es necesario haber dejado atrás la prepotencia infantil que impide reconocer los fallos propios.

 

Cuando los padres que se han equivocado con relación a un hijo reconocen su error, esto funciona como una disculpa implícita y el agravio que el hijo siente desaparece.

 

 

La capacidad para herir al otro dentro de la familia o la pareja es muy grande, es por ello que son las relaciones donde más necesarias se hacen las disculpas. Pero no es así y, por lo general, es donde más reticente se es a pedirlas. Los afectos son más intensos y la fragilidad cuando nos sentimos en falta es más alta que en otras relaciones.

 

Fortaleza interna

Una disculpa mitiga rápidamente la ira y disipa el dolor por la ofensa recibida. Pedir perdón cuando nos hemos equivocado y hemos podido perjudicar a alguien demuestra que tenemos una madurez psicológica que nos hace sentir fuertes.

 

La fortaleza interna consiste en poder aceptar las debilidades y no en negarlas. Excusarse por un fallo que ha podido molestar a otra persona demuestra el reconocimiento de nuestra influencia sobre ella y la aceptación de su mundo interno. Pero para poder hacer esto hay que haber abandonado la postura prepotente e infantil de no reconocer los fallos propios.

 

Saber pedir disculpas es haber reconocido el mundo de los sentimientos y aceptar el del otro. ¿Tenemos hombres y mujeres la misma actitud ante el hecho de disculparse?

 

Según la lingüista Deborah Tannen, las mujeres se disculpan más que los hombres y anhelan que ellos lo hagan, pero por lo general no lo consiguen. Rehuir pedir perdón es un estilo que prevalece en el genero masculino.

 


¿Por qué? El hombre piensa que dar muestras de lamentar lo que ya ha ocurrido es una hipocresía, que no se puede reparar una acción con meras palabras. Se disculpa de forma indirecta, con actos. Sin embargo, lo que la mujer pide son esas palabras, porque sí reparan la realidad psíquica que quedó tras el hecho y reorganizan la forma de verlo porque los afectos cambian. Un “lo siento, he herido tus sentimientos” en el momento adecuado tiene efectos beneficiosos para la relación porque elimina

el resentimiento.

¿Sin palabras?

El hombre rehúye pedir disculpas directamente porque supone que eso le coloca en una situación de debilidad que no quiere afrontar. Es indirecto a la hora de pedir disculpas, mientras que ella lo es a la hora de pedirle lo que quiere. Él no quiere verse débil, ella elude decirle directamente que necesita que le dé algo porque eso también la muestra como dependiente. Cuando el hombre no se siente presionado o forzado a disculparse de palabra, pero siente que el mensaje que ha lanzado para reparar el error que ha cometido se ha recibido, se siente querido.

 

Saber pedir disculpas requiere una madurez emocional donde se ha aceptado como somos sin engaños con nuestra capacidad para equivocarnos, pero también para reparar lo que hemos podido hacer mal. Algo que en primera instancia se aprende durante los primeros años de vida. Cuando la comunicación familiar se ha basado en la confianza, la búsqueda de la verdad ante los conflictos, el reconocimiento de los errores y, más tarde, en la explicación y el perdón sin recriminaciones, se puede decir que se ha recibido una educación emocional que permitirá no solo saber excusarse sino también disculparse a uno mismo cuando sea necesario.

 

La palabra

 

La salud mental

-Es el estado de una persona capaz de conocer sus límites y después amarlos.

-Ser psíquicamente sano significa vivir relativamente feliz con uno mismo, a pesar de las pruebas, sorpresas y restricciones que la vida nos impone.

-Se posee equilibrio mental cuando se siente el placer de actuar en la vida, se tiene la capacidad de enfrentarse a lo inesperado sin angustiarse y de adaptarse a lo nuevo sin tristeza y se sabe perdonar y pedir perdón.

-La salud mental tiene relación con la capacidad de amarnos a nosotros mismos allí donde más débiles somos. Si amamos nuestras limitaciones, no tendremos miedo a perder el amor de aquellos que nos importan.

-Cuando nuestro mundo interno está bien amueblado, la relación con el exterior es mucho más gratificante porque hemos aprendido a amar y a controlar nuestros odios.

 

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